“El hilo que me salvaría del Minotauro” by @carmen_miau

Durante los meses previos al 101 había escuchado mucha mitología acerca de la prueba: la carrera empieza en Arriate, la carrera empieza en el Cuartel, cuando acabas los 101 eres una persona diferente… Todo el que conozca a un cientounero habrá escuchado cosas parecidas, porque reconozco que yo llevo una semana sin cambiar de tema.

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Los retos son siempre algo más que carreras. La carrera es el catalizador, sólo eso.

El 101 estaba planteado como una prueba en equipo, durante la que mis cuatro compañeros y yo no nos separaríamos. Ya habíamos corrido antes así, animándonos y empujándonos unos a otros, cuidándonos y formando manada. Pero yo no pude evitar que esta carrera se convirtiera en algo íntimo. En mi propio viaje mitológico. O en el final de ese viaje, después de una vida llena de demasiadas pruebas, umbrales, desencuentros y pérdidas. Ahora que reflexiono sobre ello, puede que el 101 haya sido el regreso a casa. Cuando corro siempre se me meten en la cabeza pensamientos recurrentes, muchos de ellos absurdos. Bien, pues imaginad durante 101km y 19 horas…

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 (en la foto, el famoso gel-beso: infalible)

  Los primeros kilómetros fueron como el comienzo de cualquier aventura: emoción, euforia, mucha expectación, algo de miedo, pensar en lo mucho que queda… Uno de los compañeros se encontraba mal, y aunque intentó seguir adelante a pesar de todo, aunque intentó escuchar más a la cabeza y al corazón, finalmente se vio obligado a abandonar. Y su compañera también, claro.  Ver a nuestro amigo retirarse supuso un golpe muy duro: todos esos fantasmas eran reales; el calor, las lesiones, la fatiga… todos esos fantasmas nos rodeaban y éramos nosotros los que se habían colado en su territorio. Ahora sabíamos que podía pasar.

Sumábamos kilómetros, cansancio, molestias… E íbamos restando luz. La llegada a Setenil fue muy emocionante: porque íbamos cansados y un poco descorazonados y de repente encontramos un pasillo espontáneo de duatletas y ciclistas que nos aplaudían, nos gritaban, nos daban todo el cariño que surge siempre entre deportistas. Y porque al salir del avituallamiento nos encontramos a nuestros dos compañeros: Salva estaba mejor y Ana estaba estupenda. Yo recogí luz, pero no fue suficiente.  Habían preparado para mí toda la luz que hay en las sonrisas de quien te quiere y además comparte tus retos y locuras. Pero yo había iniciado una parte del viaje en la que nadie podía acompañarme. He leído la Divina Comedia y sé que estos viajes no deben hacerse en solitario, pero no pude evitarlo.  Lo notaba desde el comienzo de la prueba, pero cada vez lo acusaba más: una soledad densa que se extendía a mi alrededor con esa extraña pesadez que tiene la nada. “Resonando en aquel aire sin estrellas”. Versos del Infierno.

Yo deambulaba por los caminos, pero estaba perdida. Había flechas, señales, luces químicas, avituallamientos, y la voz de mis amigos. Pero todo eso estaba fuera. Creo que pude perderme en un laberinto de sombras varias veces. Pero busqué el hilo que me salvaría del Minotauro: Tolo. Sabía que estaba fuera, esperando. Iban a pasar muchas horas hasta que volviese a verle, pero le vería. O no. ¿Iba a acabar aquella prueba? 101 es un número mágico. Los capicúos siempre lo son. ¿Y si los 101 se multiplicaban? ¿Y si ocurría como en esas pesadillas en que las escaleras nunca terminan? ¿Y si ya estaba perdida?  Mis compañeros llegaron a preguntarme si estaba enfadada. Tan ajena a mí misma me encontraba. El pensamiento absurdo estrella de los 101 fue “cuando llegue a meta estaré totalmente sola y tendré que construír el mundo desde cero”.  Si soy un tipo de persona, soy el tipo de persona al que le aterroriza la idea de parar porque quizá luego ya no pueda seguir adelante. Prefiero el movimiento perpetuo. Estoy  acostumbrada a mantenerme en equilibrios precarios.  La soledad del corredor de fondo. A veces había fogonazos de luz y me reencontraba con Ángel y Pepe. Sufrimiento y Dureza se convirtieron en un sortilegio.

Otra vez Dante. Los libros han formado la parte más importante de mi vida, han sido siempre más que historias, mucho más que objetos, casi tanto como compañeros. Y este en concreto lo había ido guardando en algún lugar, para convertirme yo misma en sus versos (Carmen, en latín, significa Poema, y aquel era mi viaje de transformación).

 

VENGO DEL LUGAR ADONDE DESEO VOLVER Y ES EL AMOR QUIEN ME MUEVE Y ME HACE HABLAR.

Cada aventura tiene sus palabras mágicas, y estas fueron las mías. Conecté el móvil y mandé un mensaje. Recibí otro. El mundo seguía intacto más allá de los muros de mi propia soledad. Recibí mensajes también de nuestros compañeros. Iban a esperarnos.  Sólo para los últimos metros de carrera podría escribir otra crónica: de repente había luz más allá de nuestros frontales, y  volvía a haber gente, y calles adoquinadas donde otra vez había voces de ánimo, aplausos… ¡¡¡Y nuestros compañeros!!! Allí estaban, a las seis de la mañana, con el primer amanecer de aquella nueva vida. Recuerdo que miré al cielo y pensé “La segunda estrella a la derecha y directo hasta el amanecer”, ya queda muy poquito para terminar, para descansar.

 

Se acababa mi viaje, y volvía a encontrarme con el equipo. Pepe y Ángel me abrazan para cruzar la meta. Yo me voy a derrumbar. Tolo me abraza. Lloro. El legionario me pide el pasaporte. Está amaneciendo y tengo miedo de desaparecer. De que sea un sueño.

 

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Hoy, casi una semana después, entiendo que he vencido a los dragones, los fantasmas y los demonios. Que soy, por fin, el héroe. Que en realidad lo he sido siempre. Y que no estoy sola. Que puedo detenerme a tomar aire y descansar, porque hay alguien dispuesto a pasar 19 horas esperando mi llegada a meta.

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GRACIAS!!!!!  a ALLTORUN por dejarme espacio para estos desvaríos, a Alizia Varas y Tolo por dejarme sus camisetas, a Paco Eloy y familia por venir a vivir con nosotros la prueba, a todos los amigos y compañeros que no se acostaron hasta que supieron que habíamos terminado. A los que tuvieron la paciencia de esperar varios días hasta que me recuperé y fui capaz de contar la historia. A Tolo mil veces más. Al equipo por darme la oportunidad de hacer este viaje : Salva, Ana, Ángel, Pepe… qué os voy a decir a vosotros!!!  Y sí, gracias a La Legión!!

 

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